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Corazones de gofre de Maria Parr
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Corazones de gofre: club de lectura Perigosas Criaturas

Reconozco que el rotundo y unánime éxito de la primera lectura del club de lectura Perigosas Criaturas, Prohibido leer a Lewis Carrol de Diego Arboleda, me preocupaba. Extraño, ¿no? Ay, alcanzar el éxito (aplastante, glorioso, soberbio, arrollador, clamoroso, desbordante, flamante, tremendo y simpar) es un arma de doble filo: ¿y ahora qué?, o más bien, ¿y ahora cuál? ¿Qué otro título podría conquistar el corazón de las criaturas más peligrosas y exigentes y el podium de los superlibros? Pues un libro exquisitamente editado por Nórdica Infantil: Corazones de gofre, escrito por la autora noruega Maria Parr e ilustrado por la artista polaca Zuzanna Celej.

El viernes 24 de noviembre tuvimos nuestra segunda reunión y fue entonces cuando me confesaron que comenzaron a leer con cierto escepticismo: ¿les atraparía y haría reír tanto como las disparatadas aventuras de la institutriz Eugéne Chignon? La duda se esfumó en la duodécima palabra del libro —Maria Parr no tardó en conquistarlo—: tirolina. Tirolina es una palabra resorte: las Perigosas Criaturas la leyeron e intuyeron que Corazones de gofre no los defraudaría.

Juntos repasamos los títulos de los veinte capítulos en los que la autora dividió las aventuras de Theo y Lena y, recordándolos, las carcajadas retumbaron en la, hasta aquel momento, apacible librería. Según mi instrumento interno de medir decibelios (anomalía genética a la que saco gran provecho), tres fueron los capítulos que más los divirtieron: “Se busca papá”, El puñetazo de Lena y Porrazo en trineo con doble conmoción cerebral y una gallina voladora y otros tres los que los hicieron llorar: Recogida de ovejas y viaje en helicóptero, El día más triste de mi vida y el Incendio. Definieron el libro como una montaña rusa de emociones —a algunas criaturas incluso les desconcertó: ¿cómo el mismo libro te puede hacer reír y llorar y después volver a hacer reír? — y si tuvieran que explicarlo en tres palabras, éstas serían: aventura, conmociones cerebrales y amistad.

Magistralmente, Maria Parr desentrañó el enigma del título en las últimas páginas, dejando a las exigentes criaturas con una sonrisa con sabor, sabor dulce, a corazón de gofre. Y hay quien acompañó este regusto literario con unas tortitas (a falta de verdaderos gofres de la tía abuela).

Portada Corazones de gofre

Portada Corazones de gofre ilustrada por Zuzanna Celej

Corazones de gofre los hizo reflexionar sobre la diferencia que existe, en términos de libertad, entre los niños de su edad que viven en una pequeña villa marinera como Terruño Mathilde (en los fiordos noruegos) y los que, como ellos, viven en una ciudad de 300 mil habitantes como A Coruña. Las Perigosas Criaturas se identifican más con Theo, la mente serena (como reza la contraportada), pero querrían conocer a una Lena, y consideran que, para poder arrojarse a aventuras semejantes, la ciudad no es un escenario que las posibilite (o, al menos, que las facilite). Ellos son más Theo o más Lena —más libres— cuando, en verano, van al pueblo o a la aldea.

Les gustaron mucho las ilustraciones de Zuzanna Celej, sobre todo las de paisajes —preciosas—, pero se quejaron de los coloretes de dos ilustraciones de Lena: ¡les parecieron excesivos! Las Perigosas Criaturas se fijan en TODO. ¡Cuánto envidio su capacidad de concentración y retención! Ningún detalle se les escapa, ningún nombre se les olvida e, incluso, se aprenden de memoria los títulos y el orden de los capítulos. ¡Mentes ágiles!

Sin duda, este es un libro que recomendarán a sus amigos y lo exigirán en la biblioteca de sus colegios, así como dos de las voraces criaturas recomiendan y exigen a Tania Val de Lumbre, un libro de la misma autora, con ilustraciones de la misma ilustradora y editado por la misma editorial y, según ellos, ¡aún mejor que Corazones de gofre!

—¿Mejor que Corazones de gofre? ¡Imposible! —y con esta sentencia (y mi sonrisa), acabamos la reunión.

Tania Val de Lumbre

Tania Val de Lumbre

¿Quiénes son las Perigosas Criaturas?

Ellos son Perigosas Criaturas: tienen entre nueve y doce años, y les gusta leer y, lo que los hace más peligrosos, saben escuchar, dialogar y valorar las opiniones de los demás. El último viernes de cada mes, con rigurosa puntualidad, se reúnen en la preciosa librería de Moito Conto y, siempre entre historias, hablan de libros: del libro que han compartido ese mes y de todos los libros albergan y crecen dentro de ellos, porque, aunque son bajitos y parecen indefensos, ¡que no os engañen!, son peligrosos y van armados (generalmente, de un libro y de cientos de universos).

He tenido la suerte de que me acepten en su club y que me permitan sentarme en la butaca roja a escucharlos. Debe de ser porque conozco la receta para menguar, pero no es la de ningún brebaje, como el que encogió a la Alicia de Lewis Carrol; la receta para menguar es muy sólida: un litro de curiosidad, 300 gramos de emoción, media rodaja de intensidad, una cucharadita de optimismo desgrasado, un ramillete de energía fresca, un diente de credulidad y unas gotas de rebeldía.

Con todo lo dicho y con lo que se dirá —y sin ninguna aportación de esta suertuda superviviente— escribo esta categoría en mi recién estrenada página web: club de lectura Perigosas Criaturas.

Club de lectura Perigosas Criaturas

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